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domingo, 30 de noviembre de 2014

Capítulo 9.


Jace Lightwood se encargó de enseñarme eso de que ''amar es destruir y ser amado es ser destruido''. Está en la lista de todas las cosas que le agradezco, pero si no amamos, ¿realmente vivimos?
Porque ''si no le importas a nadie en el mundo, ¿existes realmente?'' o eso dijo Tessa Gray.
Yo pienso que nos arriesgamos a ser destruidos, y que todos lo elegimos porque queremos, porque lo necesitamos. Creo que es algo esencial y muy triste, que en nuestra vida sintamos la necesidad de ser algo para alguien.
También pienso que las cosas que nos asustan nos hacen más feliz, como Miss Caffeina canta en su canción ''Lisboa.'' 
Porque ''lo contrario de vivir es no arriesgarse'' y, sentir en este mundo ya nos hacen muchas cosas, pero que lo haga alguien, y de la forma que no lo hace nada ni nadie, es sentir demasiado.

Al abrir los ojos sentí que se me había olvidado lo que era dormir hasta entonces. Mario dormía a mi izquierda, con su brazo aún colocado tras mi espalda pegándome a él. Su respiración era tranquila y pesada, dormía de cara a mí y sus oscuras pestañas parecían más rizadas y largas que nunca. Estaba deseando poder mirarle a sus oscuros ojos y sentirme yo en ellos. 
Parecía tener su pelo castaño más claro aún y le sentaba bien. 
- Buenos días, Leyre. - Murmuró con los ojos cerrados aún. Yo me sobresalté, ya que pensaba que seguía dormido.
- Buenos días, idiota. - Dije sonriendo. Él abrió los ojos y me miró, no me equivocaba al pensar lo bien que me sentiría al mirarle.
- Es bueno que te siga encantando verme dormir y no me hayas matado mientras lo hacía, supongo. - Sonrío. Siempre con ese tonto de sorpresa, pensé. Yo reí.
- Ups. Era un capricho, pensaba matarte esta noche. - Susurré dejando de reír.
- Vaya, bonito detalle por tu parte. - Suspiró con una media sonrisa que dejaba ver su pequeño hoyuelo. Seguidamente se levantó y entró en mi cuarto de baño.
Yo me estiracé todo lo que pude y me levanté para abrir mi enorme armario y elegir lo más cómodo que encontré. La puerta del cuarto de baño se abrió cuando yo terminaba de colocarme la (un poco estrecha) camiseta que había cogido.
- Estás más delgada. - Dijo. Yo no pude evitar mirarle un poco mal y negar con la cabeza. Él se encogió de hombros.
- ¿Desayunamos? - Pregunté. Mario asintió y los dos andamos hasta la cocina. Parecíamos estar solos en casa.
Mario me hizo tortitas, le encantaba hacer tortitas y a mí que me las hiciera, tras tirarnos un buen rato haciendo el tonto nos sentamos en la mesa para por fin desayunar, no serían más de las 11 y media y pintaba que estaríamos solos en casa al menos hasta la hora de comer.
- Bueno.. Cuéntame. - Solté mirándole, nos habíamos sentado uno enfrente del otro en (la no muy grande) mesa de la cocina.
- ¿El qué? - Murmuró.
- Mario.. 
- Vale, vale. - Dijo algo resignado.
- No, calla. - Me apresuré a decir.
- ¿Qué pasa? - Preguntó extrañado.
- No quiero que lo hablemos, no. - Me negué. No sabía por qué, pero sentía que el poco tiempo que le tuviera conmigo fuera.. Normal. Sin discutir, sin hablar de sus menos y también de los míos, solo quería nuestros más.
Él asintió y pareció relajarse. 
Recordamos tantas momentos, risas y sonrisas que tenía unas ganas de llorar de alegría que no eran normales, tras hartarnos de tortitas nos tendimos en el sofá a ver una película que echaban en la tele en la cuál Mario no se enteraba de nada y yo me reía traduciendo todo lo que decía.
Agradecía tanto tenerle aquí, Nueva York iba a ser mi hogar, sentía que quizá fuera mi sitio y, si lo era, le necesitaba a él aquí. Me negaba a pensar que en cuatro días se iría y no le vería hasta septiembre, pero me estaba permitiendo pensar que esto se convertiría en una rutina y sabía que lo iba a pasar fatal cuando me diera cuenta de que no era así.
Sentada allí, echada en sus piernas y riéndome tanto que casi comenzaba a costarme respirar, me di cuenta de que guardaría este instante como uno de mis pequeños insignificantes instantes favoritos del mundo. La sensación de sentirme completa no me había echo darme cuenta de la gran falta que sentía hasta ahora. 
¡Pero qué tontería, no llevábamos separados casi nada! 
Se me había hecho una eternidad, no sabía como iba a afrontar estar meses sin él, pero no, no iba a pensar en eso.
- Y bueno, ¿qué tal tus días en Nueva York? ¿Has conocido a gente? - Me preguntó mientras me alisaba mi anaranjado pelo con la mano.
- Sí. - Contesté. Él parecía sorprendido.
Le conté mi corta experiencia en la fiesta, le hablé de la tímida de Norelle, de Jesse el de la sonrisa bonita, de la relamida de Toria Flannery, de Violet, de Robert y también de Dylan, pero no de sus bonitos ojos verdes y de su manía con mis por qués. Le expliqué más o menos como eran y lo extraño que había sido sentirme cómoda entre ellos y especialmente con Dylan, también añadí que era sobrino de Ben. Mario parecía escucharme con entusiasmo.
- Me alegro, mucho. - Comentó. - Muchísimo.-  Añadió.
Yo le sonreí, también me alegraba por mí y esta si que era una sensación nueva.

Esther y Ben llegaron un poco antes de la hora de comer.
Mi madre se pasó un buen rato hablando con Mario mientras yo me duchaba, supongo que el bienestar de Mario sería el tema principal de la conversación y el rock, los dos amaban el rock. A mí no es que me disgustara, me solían gustar la mayoría de los estilos de música pero lo de ellos no era normal. Lo que sí debía reconocer es que me encantaba escucharles hablar de ello.
Ni siquiera me molesté en secarme el pelo, hacía calor y de todas maneras lo tenía liso de por sí. Cuando llegué al salón en vans y en shorts, para no variar, Mario me sonrió.
- ¿Qué vais ha hacer esta tarde? - Nos preguntó Esther. Mario no me dejó contestar.
- Para empezar, vamos a ver una película.- Dijo.- En español. - Añadió. Yo reí y asentí. Mi madre nos miró extrañada pero no se molestó en preguntar.
Nos llevamos el portátil a mi cuarto y tendidos en la cama descalzos y con un bol de palomitas comenzamos a ver de nuevo ''Begin Again.''
''La historia'' de esta película por llamarla de alguna manera comenzó el cuarto día que Mario y yo quedamos, yo aún me negaba ha hablarle de mi vida y él insistía una y otra vez mientras andábamos por el centro de Barcelona, supongo que cuando comencé a interesarme por los escaparates de caras Boutiques se dio cuenta de que de verdad no le iba a contar nada. Así que cansado de preguntar para no conseguir respuestas me ofreció ir a su casa a ver una película.
Estaba solo en casa pero aún así fue uno de los momentos más incómodos de mi vida, me fijo demasiado en todo y me me pasé gran parte de la película analizando su cuarto. Al día siguiente quedamos de nuevo y le obligué a ver la película de nuevo.
Yo siempre he pensado que el mejor adjetivo para todo es ''especial'' y que ''especial'' fue lo primero que pensé al terminar la película. La música era algo que Mario y yo también compartíamos y bueno, era el elemento principal de la película.
Hay una escena, en la que Gretta (Keira Knightley) y Dan (Mark Ruffalo) conectan sus auriculares a un divisor de auriculares y se pasean por toda la ciudad con la biblioteca de música de Gretta sonando. 
Mario y yo coincidimos en que era nuestra escena favorita y nos prometimos hacer lo mismo algún día en la misma ciudad que ellos, Nueva York.
Nos pasamos las dos horas y media comiendo palomitas y sin hablar, estaba totalmente prohibido hablar mientras veíamos una peli. 
- Voy a darme una ducha.- Anunció Mario tras acabar la peli. No eran más de las seis de la tarde y lo haríamos cuando fuese de noche. 
Tras darle las toallas y poco más me tendí en mi cama y me puse a leer el libro que Mario me había regalado. No tardé ni cinco minutos en quedarme dormida.

Cuando me desperté ya oscurecía y Mario estaba tendido a mi lado leyendo el mismo libro con el que yo me había quedado dormida un rato antes.
- No sé como puedes dormir tanto, de verdad.- Comentó cerrando el libro y dejándolo a un lado.
- Yo tampoco.- Contesté encogiéndome de hombros. Él se acercó a mí y me dio un beso en la frente. Yo me resistí a protestar. 
A veces me trataba tan como mi hermano mayor que lo odiaba.
Mario era guapo, siempre me lo había parecido. Aunque nunca me hubiese fijado en él de una forma distinta a la que me fijo, claro está.
Sus ojos marrones a veces eran tan oscuros y a veces tan claros que me encantaban, nunca había tenido el pelo tan largo como ahora pero le sentaba bien, los mechones le caían por la frente húmedos y claros. 
- Voy a cambiarme, y nos vamos.-  Le indiqué. El se sacó un divisor de auriculares del bolsillo y me sonrió. 
En unos diez minutos nos encontrábamos despidiéndonos de Esther y Ben en el salón. Cuando entrábamos en el ascensor me pareció oír a Esther gritar ''¡Disfrutad de Nueva York, chicos!'' agradecí que al menos lo dijese en español.
Básicamente escuchábamos la misma música así qué escogimos mi iPod, en cuanto las puertas del ascensor se cerraron comenzó a sonar la primera canción que mi aleatorio quiso; Arabella de Arctic Monkeys.
Al pasar por la recepción y llamar la atención de varias personas me despedí de Roger con la mano.
Casi era de noche y apenas hacía calor, Mario iba a mi lado mirando al frente mientras a la vez intentábamos no chocar con nadie. De camino al metro sonó It's My Life de Bon Jovi (la cuál no pude evitar no bailar) y  Last Hope de Paramore. En cuánto mi piel comenzó a sentir el bochornoso calor del metro Yesterday de The Beatles, comenzó.
Era mi canción favorita de The Beatles y agradecía mucho poder escucharla en estos momentos. Había personas que nos miraban con caras más bien extrañas, Mario y yo solo nos sonreíamos de vez en cuando y yo me permitía sentir la música cerrando los ojos y apoyándome en su hombro.
Justo cuando el metro paró y las puertas se abrieron terminó Asleep de The Smiths, casi me duermo (y no por primera vez en el día).
Cuando bajamos Mario me quitó mi móvil de la mano y buscó la canción en la que parecía pensar;  Lost Stars de Adam Levine. Yo prefería la versión de Keira, pero aún así era mi favorita de la banda sonora. 
Mario me cogió la mano y yo nerviosa me mordí el labio. Al salir fue como si fuera la primera vez que sentía lo que sentía, de verdad que nunca llegaría a entender como en un sitio tan rodeada de gente y de enormes edificios me sentía tan libre. Mario miraba hacia todas las direcciones que podía y yo reía mientras tiraba de él para que se moviera del sitio.
Andamos tanto pero nos cansábamos tan poco que parecía increíble, The Scientist de Coldplay, Secrets de OneRepublic, Todo de Pereza, Latch de Sam Smith, Don't Wanna Miss A Thing de Aerosmith, Who Wants to Live Forever de Queen, Money Power Glory de Lana del Rey, Los Buenos de Vetusta Morla, High Hopes de Kodaline y quizá unas cuantas más formaron parte de la mejor noche de mi vida. 

Estábamos sentados en un pequeño escalón de una calle bastante solitaria mientras sonaba Another Love de Tom Odell, habíamos andado, bailado y gritado más de lo esperábamos y ya me pesaban los ojos, por no decir que si me cortaran los pies ni siquiera lo sentiría. Imaginaba que Mario no estaba menos cansado que yo y, aún así a la vez las ganas y la felicidad me pedían a gritos que la noche no acabara nunca. 
Tom Odell fue lo último que escuchamos y pasada la media noche medio dormidos, en metro volvimos a casa. 
Ben parecía llevar un par de horas dormido en el sofá cuando el molesto sonidito del ascensor le despertó. No entendía a este hombre, no era la primera vez que me esperaba en el sofá y me empezaba a preocupar su interés, siempre temía a que Esther la liara y en nada tuviéramos  que volver a Barcelona solas. De nuevo.
Me di una ducha antes de dormir y cuando liada en una enorme toalla salí del cuarto de baño, Mario ya dormía en mi cama. Y en ropa interior, para no variar.
Yo busqué en la no deshecha maleta de Mario y me coloqué una de sus camisetas, olía a él, incluso olía a Barcelona, me sentía tan cómoda en su ropa que adoraba dormir con sus camisetas.
De un salto me tiré a su lado en la cama y le oí quejarse con un difuso ''Leyre..'' me limité a acurrucarme a su lado y tan feliz como hacía tiempo que no me sentía, me dormí.





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