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martes, 23 de septiembre de 2014

Capítulo 7.


Entraba demasiada luz en mi habitación cuando abrí los ojos, había una bandeja de comida sobre mi mesita de noche. Extendí los brazos sobre el colchón y cerré los ojos.

Era lunes, era mi cumple años, mi mejor amigo me odiaba pero me había felicitado de la manera que solía hacer siempre, eran las.. cuatro y media de la tarde y esperaba una llamada de mi nuevo amigo-primo (no sé por qué le llamaba así si en realidad no me gustaba) Dylan.
Entré al baño para recogerme mi largo pelo anaranjado en una coleta y seguidamente me lavé los dientes. Cuando salí de mi cuarto deducí que estaba sola en casa.
Encima de la mesa del salón había una pequeña y alargada caja envuelta en papel de regalo. Me acerqué y leí la nota que le acompañaba.


Cariño, Ben se ha tenido que marchar a una urgente reunión de trabajo y me ha pedido que le acompañase para cenar tras el acontecimiento, siento no poder felicitarte en persona.
Feliz cumple años de parte de los dos, esperamos que te guste tu regalo, muchos besos.

Mamá.



Qué raro sonaba, mamá. Sonreí por estar sola en casa.

Desenvolví la pequeña caja y la abrí. En ella había dos billetes de avión con destino Barcelona para mediados de septiembre, el cumple años de Mario.
Aún quedaba más de un mes y ni siquiera había pensado en ello, pero me alegraba que mi madre si lo hubiera hecho. Odiaba mi cumple años, pero al parecer, que fuera 31 de julio no parecía ser tan malo. No dejé que todos los pensamientos de mi cabeza giraran entorno a los dos billetes de avión durante todo el día, ya que no serviría de nada.
Así que comí y me di una ducha. Estaba viendo un estúpido programa de cotilleos cuando mi móvil sonó.
- Hola. - Saludé.
- Hola. - Contestó la grave voz de Dylan. - En diez minutos estoy ahí. - Añadió.
- ¡¿Pero-pero..?! - No me dio tiempo a protestar cuando ya había colgado.
Apagué la tele y corrí hasta mi habitación. Un reluciente sol entraba desde la gran cristalera cuando entré, elegí una falda de vuelo y una camiseta de manga corta lisa y de color blanco, lo acompañé todo con unas vans algo (muy) desgastadas rojas.
Me miré al espejo un momento antes de salir.
Si alguien me preguntase donde vivía y contestara sinceramente, no me creería. Muy obviamente para nada me acercaba al aspecto que debería llevar una chica del centro de Manhattan alojada en un hotel. Seguía con el pelo recogido en una alta coleta con más mechones de pelo fuera que recogidos, las pecas parecían abundar más, el sol las hacía resaltar de una manera exagerada y lo odiaba.
Hice un esfuerzo por sonreír y mis ojos oscuros casi se hicieron ver un poco más claros, era verdad que tras todas las horas hablando sobre quererme a mí misma aún no lo había conseguido del todo, sabía que no era horrible físicamente, incluso había habido días en los que me había sentido completamente completa conmigo misma, pero no sé.
Hacía meses que me sentía recuperada, pero había algo, seguramente insignificante, que no me dejaba seguir. Respirar completamente bien (y no era que respirara mal, mis pulmones se encontraban en perfectas condiciones) si no que sentía que existía algo que se interponía entre yo y yo. Pensé que quizá algún día me dejaría a mí misma saber lo que era, o quizá no me dejara saberlo nunca.
Cogí algo de dinero, unas gafas de sol (ya que el sol tardaría en ponerse) y una mochila con una chaqueta y poco más, me solía sentir incómoda si no llevaba mi mochila a la espalda y unos auriculares dentro. A veces no me gustaba no poder prescindir tanto de algo.
Cuando bajé, ya que pensé que era una tontería hacer subir a Dylan, estaba acercándose al hotel. Vi el reflejo de su clara sonrisa entre la multitud.
Llevaba una camiseta verde oscura que hacía que sus ojos claros se vieran especialmente bonitos y unos vaqueros desgatados, también llevaba zapatillas. Agradecí que fuera vestido así. Mucho.
- ¿Hola? - Dije cuando llegó hasta a mí y comenzó a mirarme con una media sonrisa en la cara.
- Hola, Leire.- Contestó mirándome a los ojos. Aunque la verdad era que no sabía muy bien si me estaba mirando, ya que me centré en como sus labios pronunciaron mi nombre.
Sonaba raro, muy raro. Quizá especial, o diferente. Tenía en mente una no muy larga pero no muy corta lista de adjetivos para ello.
- ¿Vamos? - Añadió. Parecía algo sorprendido por mi embobamiento, prefería no imaginarme a mí misma ahí, cuando me tocaba contestar, callada.
Sin saber que decir cuando siempre tenía algo que decir.
- Claro, vamos. - Solté deprisa, quizá demasiado.
Andábamos entre la abundante multitud no muy deprisa pero tampoco muy despacio, me señalaba edificios, hoteles, coches que veíamos pasar, personas vestidas de formas muy estrambóticas.. Pensé que podría encontrar cualquier cosa en aquellas calles.
- Andaremos hasta un pequeño bar que queda un poco lejos y luego cogeremos el metro para llegar a Time Square, ¿te parece bien? - Me informó. Yo asentí y sonreí, aunque no había pensado que cenaríamos juntos. Y menos que un chico como él cogiera el metro.
Hablamos de música, de cine, de animales, le encantaban los animales (cosa de la que yo no era muy fan) y de sus estudios. Al parecer estudiaría en Columbia, una de las mejores universidades de Nueva York, y haría medicina, algo que parecía tener muy claro.
- No tienes pinta de médico. - Reí. Andaba a su paso, y estábamos tan cerca que nuestros hombros chocaban de vez en cuando entre carcajada y carcajada.
- ¿Ah, no? ¿Y qué trabajo me pegaría? - Contestó risueño. Tenía una sonrisa bonita, no en exageración pero sí que me gustaba.
Es más, me había dado cuenta de que me encantaba mirarle, y aún más cuando él no me miraba. Me solía pasar, solía fijarme mucho (incluso demasiado) en las pequeñas cosas insignificantes, me encantan las cosas insignificantes.
- Pues.. No sé, quizá podrías un importante abogado, sí. - Dije mientras le analizaba, él me miraba curioso.
- ¿Si? - Parecía sorprendido. Hice un esfuerzo por ponerme seria y negué con la cabeza.
- La verdad es que serías un camarero excelente. - Y aceleré el paso mientras reía. Él protestó y nombro al chico de ojos marrones de la fiesta, al que no recordé hasta el tema de las profesiones. Me recordé a mí misma que dijo ''hasta pronto''.
- Ya casi estamos.- Anunció unos cinco minutos después de que una chica morena y alta tropezara con él y bromeáramos sobre ello.
La calle en la que se encontraba el pequeño bar era más bien estrecha y cuando nos encontramos en ella algo dentro de mí se relajó. El bullicio había desaparecido y los claxons de las docenas y docenas de coches solo se escuchaban a lo lejos. Me alegré de estar allí, y de la compañía.
También me gustó que me llevara a aquél pequeño y curioso bar lejos de la multitud  y no a un caro restaurante en el centro. Dentro de la pequeña estancia se estaba muy bien en comparación con el calor abrasador que se sentía fuera, y ya casi anochecía. Sonreí, la noche me relajaba.
Poco después de sentarnos en una pequeñita mesa bajo la mirada de un par de clientes, una camarera bajita y risueña nos atendió.
Los dos pedimos y tras ellos nos miramos. Sentí que fue el primer momento incómodo en todo lo que llevaba de tarde. Era un récord.
- Bueno, ¿y qué piensas que puedo ser yo de mayor? - Pregunté, ya que sentía curiosidad.
Miró por la ventana antes de contestar.
- Psicología. Te quedaría bien ser psicóloga. - Y me miró, esperando una respuesta.
La garganta se me cerró y tuve que tragar y forzarme a sonreír, aunque para nada sabía disimular mis expresiones y sabía que él lo había notado. Nunca me habían dicho algo así, en la vida había pensado en ejercer la psicología. Había pasado tanto tiempo rodeada de ellos que me daban ganas de vomitar tan solo con pensarlo.
- ¡Oh, no! - Reí de una manera un poco forzada.
Segundo momento incómodo del día.
El hizo una mueca y no contestó ya que la camarera llegó con el par de bebidas. Pedí comida no muy pesada y algo dentro de lo que más o menos me tocaba comer hoy. Mientras comíamos y hablábamos de cosas sin importancia; sus padres, los míos.. Obviamente comenté que mi padre falleció cuando yo tenía diez años pero él no me preguntó más a cerca del tema, se lo agradecí.
Me estaba sorprendiendo a mí misma por momentos, odiaba mi cumple años y había dejado que alguien que ni siquiera sabía qué día era y a quién en un principio no iba a soportar me estuviera ayudando a pasar un día genial y a olvidarme de mis cosas NO insignificantes. Odiaba las cosas NO insignificantes.
Casi reí para mis adentros.
Al salir del pequeño bar era completamente de noche, hacía una noche bonita, y tranquila. Aunque la tranquilidad no tardara mucho en desaparecer.
Cuando llegamos al metro me sorprendí un poco porque aunque fuera algo mínimo estaba un poco menos lleno que el día anterior. Había gente que pegaba cabezadas y otras que hablaban y gritaban por teléfono, era incómodo y llegaba a ser agobiante pero siempre me había encantado ir en metro.
Pasado un rato a duras penas conseguimos sentarnos en un par de asientos.
- Bueno, al final no me has dicho que querrías estudiar.- Murmuró mirándome y rompiendo el gran silencio en el que no me estaba sintiendo incómoda.
- Pues.. no tengo ni idea. - Contesté tras meditar un poco la pregunta. Cosa que había hecho para nada.
- ¿En serio?
- Sí, ¿por qué te sorprendes? - Pregunté curiosa.
- Porque pareces ser alguien que tiene las cosas bastante claras.
¿De verdad aparentaba eso? Por dios, nadie podría conocerme nunca, no tenía absolutamente NADA claro en mi vida ¿y parecía que sí? Estaba realmente sorprendida.
- Oh, para nada. - Dije tras soltar una sonora carcajada que atrajo la mirada de varias personas.
- ¿De verdad no sabes qué quieres ser? - Preguntó algo sorprendido. Al parecer no esperaba aquella respuesta.
- Ya soy algo. Mejor, o peor, pero soy algo. - Contesté con el ceño fruncido.
- Ya, pero ya sabes a que me refiero.- Se excusó.
- Ya, y de verdad que no lo sé. Tampoco quiero saberlo. - Concluí.
- ¿Y.. que crees que eres, mejor o peor? - Soltó vacilante. Parecía haber notado que no me sentía cómoda hablando de mi futuro.
- Definitivamente peor. - Reí. Él sonrió y miró para otro lado. No recibí respuesta.
Nos pasamos unos diez minutos en silencio antes de llegar. Cuando salimos del vagón entre el gran bullicio y comenzamos a subir las escaleras me miró.
- ¿Pensabas que verías esto de día? - Sonrió. Me encogí de hombros ante su pregunta.
Al salir, sentí el fresco aire en mi piel comparado con el bochorno del transporte público. Comencé a mirar hacia todas partes alucinada, las luces casi me ciegan.
- Feliz cumple años, Leire. - Me susurró la grave, fría y gratamente escalofriante voz de Dylan al oído, se acercó tanto que sus suaves labios rozaron mi oreja.







6 comentarios:

  1. Pues excelente como siempre, no puedo decirte nada más que sigas escribiendo que a muchos nos alegras con tu prosa y que ojalá que pudieras escribir más amenudo :). Sólo tengo un crítica, más bien una corrección que supongo que lo habrás escrito sin querer. En la descripción de la ropa de Dylan pusiste vaqueros con "b", pero quitando ese fallo insignificante, todo perfecto :)

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  2. Está bastante bien tu novela, síguela pronto y sigue así!

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    1. ¡Gracias!
      Subiré capítulo en cuánto pueda <3.

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  3. La historia en sí me encanta, la verdad es que me ha enganchado bastante después de haber leído todos lo capítulos seguidos. También me he dado cuenta de que tienes faltas de ortografía y a la hora de redactar como que faltan palabras o repites expresiones muy seguido, deberías revisar más los capítulos. Pero, repito, me encanta.

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    1. Hago lo que puedo con el tiempo que puedo y espero ir mejorando poco a poco, ¡en cuánto pueda revisaré los capítulos!
      Muchas gracias (me encanta que te encante) y siempre se agradecen opiniones y correcciones, ¡un besito!

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