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jueves, 21 de agosto de 2014

Capítulo 5.



- No.. no hace falta Evelyn. - Insistí nerviosa mientras detenía a Evelyn a mitad de camino.
- ¡Oh, claro que hace falta! - Exclamó sonriéndome. Su sonrisa (por alguna extraña razón) me tranquilizó. 
Suspiré y asentí. No me quedaba otra, ''no tenienes a nadie aquí'' Leire, debes conocer a gente nueva.
El grupo parecía estar formado por tres chicos y tres chicas, definitivamente, no cuadraba ahí. Estuve a punto de darme la vuelta cuando Evelyn llamó a uno de los chicos.
- ¡Dylan! - Gritó y cuando estuvimos lo bastante cerca le alborotó su castaño pelo. 
- Oh, señorita Evelyn. - Bromeó este. - ¿Nos traes a la españolita de las converses?- Prosiguió. Al nombrar mis zapatos los miré e intenté ver (disimuladamente) que llevaban las demás chicas, la mesa me lo impedía.
Evelyn le sonrió y se acercó a su oído para decirle algo que no pude escuchar.
- Está bien, está bien. Te puedes ir tranquila. - Contestó el tal Dylan. Al mirarle casi que me pierdo en sus ojos verdes.
Evelyn prosiguió a irse por donde vinimos, antes de marcharse me guiñó un poco, empezaba a odiar ese gesto.
- ¿Puedes sentarte, eh? - Murmuró un chico con la cabeza completamente rapada, parecía excesivamente moreno.
Sonreí y me senté en el único sitio que quedaba libre, a mi lado se encontraba una chica rubita con el pelo por encima de los hombros, me sonreía. Tenía los dientes algo separados, pero le sentaban bien, su sonrisa me resultó familiar, y a saber por qué.
- Yo soy Norelle. - Se presentó. 
- Violet.  - Siguió la chica de al lado. Tenía el pelo negro azabache y llevaba flequillo en forma de cortinilla, también tenía pecas, me pareció muy bonita.
- Jesse. - Se presentó el chico que la seguía. Y me mostró una de las sonrisas más bonitas que había visto en mi vida.
- Yo soy Toria Flannery- Prosiguió la rubia más rubia que había visto en toda mi vida, fue la única que nombró su apellido. Tenía el pelo incluso más largo que yo y parecía alta, llevaba algo azul a conjunto con sus ojos. Definitivamente estas chicas no llevaban converses, no parecía simpática. Lo que estaba claro es que era guapísima.
- Robert. - Dijo simplemente el siguiente chico, parecía tímido.
- Y bueno, como ya sabes, yo soy Dylan. - Su voz transmitía demasiada arrogancia. Estaba sentado a mi derecha por lo que se enderezó y cogió mi mano para darme un beso en ella. Estuve por escupirle pero no podía montar un numerito, no. Igualmente tampoco iba a darle la satisfacción de ver mi sonrisa.
- Oh, Dylan por dios. La estás incomodando. - Dijo con cierto tono de ironía Toria.
- No lo hago, solo tiene ganas de escupirme en la cara. - Vaciló este. 
- Bien, es la primera cosa con sentido que dices en un buen rato. - Le felicité. Y nadie pareció esperarlo.
La mayoría de la mesa comenzó a reír, Dylan también lo hizo.
- Y bien, ¿de dónde eres? - Comenzó el chico rapado, Jesse.
- Barcelona.
- Barcelona es preciosa. - Murmuró Violet. Cierto tono de tristeza ocupó su frase. Me pregunté por qué. - He ido un par de veces de vacaciones. - Añadió.
- Lo es. - Afirmé. 
- ¿Cuántos días llevas aquí? - Preguntó Toria. Su expresión había cambiado por completo, ahora incluso parecía dulce.
- Llegué ayer.
- ¿Y ya te traen a una fiesta en la que no conoces a nadie? - Me encogí de hombros ante su pregunta.
- No me quedaba otra. 
- Ben parece feliz. - Murmuró Robert. No esperaba escucharle hablar.
- ¿Le conocéis? - Siempre había pensado que en estas fiestas la mayoría no conocía a la mayoría.
- Claro, es tío de Dylan y lleva trabajando con nuestros padres casi toda la vida. - Esta vez fue Norelle quién habló. Su voz era cantarina y bastante aguda, me hizo gracia pero no me reí. Luego me centré en que era tío de Dylan.  Qué buena noticia. 
- Ah. No tenía ni idea. 
Vi de reojo como Dylan sonreía. Estuvieron un rato preguntándome acerca de mí, a que curso iría, a que instituto iría (cosa que no tenía ni idea) y demás. Hasta me reí, no hablaron ni una sola vez sobre moda, ni sobre dinero, ni sobre fiestas similares a estas, eran todos.. normales. Sus casas no lo serían y sus armarios tampoco, pero ellos lo parecían.
Me moría de hambre y se lo agradecí al camarero que parecía acercarse. Era medianamente alto y llevaba una bandeja en la mano, me imaginé a mi manteniendo el equilibro con un par de vasos encima, me ahorré imaginarme mi estropicio y me concentré en Jesse que contaba algo gracioso sobre su criada. Agradecía no tener una o, al menos, no saber de su existencia.
El camarero por fin llegó a la mesa y prosiguió a ofrecernos una bebida de la cuál no tenía ni idea de lo que contenía. El chico tenía una voz grave pero suave, por alguna razón, me pareció dulce. Cuando llegó mi turno dejé que me sirviera una copa de aquella cosa. Poseía unos ojos color miel en los que no hubiera estado mal perderse y, cuando sonrió (gracias a Jesse que le alborotaba el flequillo a Violet) dejó mostrar lo guapo que era.
Norelle me chasqueó los dedos y los demás rieron ante mi aturdimiento, el camarero ya se había ido. También me reí y miré hacia la barra intentado seguir el rastro de mi sonrisa bonita, no vi nada. Me preguntaba que estaba haciendo pero antes de darle más vueltas, decidí no darle importancia e intenté participar en la nueva conversación.
La hora de irnos no tardó mucho en llegar, las chicas me apuntaron sus teléfonos y quedamos en vernos muy pronto, incluso Toria Flannery me cayó bien.
- ¿Qué tal ha ido? - Me preguntó mi madre mientras salíamos.
- Genial. - Contesté risueña.
- Me alegro. - Y parecía hacerlo de verdad.
Estuvimos esperando a Ben unos minutos mientras se despedía de unos amigos y Evelyn me despidió con la mano desde la puerta.
- Es muy simpática. - Comentó mi madre.
- Sí, realmente lo es. - Reí.
Ben se acercó para abrirnos la puerta del coche. En realidad, odiaba que lo hiciera, pero no diría nada. Yo entré primero.
- A ver, ¿qué tienes aquí? - Preguntó mi madre quitando algo que no lograba ver de la parte de atrás de mi vestido.
- ¿Qué es? - Pregunté mirándola. Sostenía un pequeño trozo de papel, parecía estar leyendo algo. Esther empezó a reír y yo le quité el papel para ver que le hacía tanta gracia.
El papel contenía un número de teléfono junto a las palabras ''call me''. Automáticamente pensé en Dylan y casi tiro el papel por la ventana, no lo hice.

En cuanto comenzó a sonar la alarma de mi móvil me arrepentí de no haber cambiado el timbre, era insoportable. El reloj que había situado en la pared al frente de mi cama marcaba las 11 y media. La noche anterior acabé acostándome más tarde de lo que pensaba, a mí cuaderno le sobraban muchas páginas y mis ganas de ver Nueva York de noche no faltaban.

Prometí comer con Ben y Esther a las doce y media así que me metí en la ducha. Me relajé más de lo que tendría que haberlo echo, pero me sentó bien. ''No. 1 Party Anthem'' de Arctic Monkeys seguía sonando mientras me cepillaba el pelo, ni siquiera me molesté en secármelo. Para cuando hube terminado, eran las 12 y cuarto.
Llevaba unos baqueros largos y oscuros con una camiseta roja lisa, como habitualmente, iba en converses. Comeríamos en casa y solos, así que tampoco es que importara mucho. Al parecer, Ben sabía cocinar.
- ¡Qué hambre! - Exclamé al ver los distintos platos en la mesa.
- Buenos días, cariño. - Me saludó mi madre cuando entré a la cocina. Ben me sonrió desde el horno donde parecía estar esperando algo. Al darme cuenta volví al salón y miré la mesa, había demasiada comida y, un par de cubiertos más.
El timbre del ascensor sonó antes de que pudiera preguntar.
A la primera persona que vi fue a Dylan, intenté cambiar mi cara de asco en cuanto vi a la mujer que le seguía. Llevaba el pelo extremadamente corto (demasiado como para que fuera a su gusto) y sonrió en cuanto me vio.
- Hola, primita.- Me saludó Dylan.
- Hola, y no me llames así. - Respondí lo más borde que pude.
- Hola, bonita. Yo soy Roxanne, la madre de este pequeño maleducado. - Reí y me presenté. Ben y mi madre no tardaron en salir de la cocina. Roxanne no debía tener más de cuarenta y cinco años, pero se notaba (aunque fuera de una manera mínima) la presencia de su enfermedad en ella.
En menos de quince minutos todos estábamos sentados en la mesa para comer, antes de ello vi como Dylan y Ben reían y bromeaban juntos en el sofá, parecían tener una muy buena relación.
- ¿Y qué, como le va a Evelyn con los preparativos de la boda? - Comentó Ben.
Roxanne, que parecía ser muy amiga de Evelyn, le contó varias cosas detalladamente, bueno, nos contó. Al parecer Toria Flannery era hermana de la novia. Y, como era lógico, también estábamos invitados a la boda.
La comida no fue muy larga y además, me resultó bastante amena. Dylan no habló mucho, pero cada vez que lo hicía era como si fuera la primera vez que le veía, y, ante todo, evitaba mirarme continuamente. Sus bonitos ojos verdes se veían nerviosos.
Al acabar, nos dijeron a Dylan y a mí que se ocupaban de recoger ellos. Ben parecía ser de esas personas que mantenían muy buena relación con su familia pero no la veía muy amenudo. Además, venía de haber pasado un mes en Barcelona.
Dylan se sentó en mi sofá y yo me senté a su lado.
- ¿Por qué me apuntaste tú número si vendrías hoy a comer? - Solté sin pensármelo.
- ¿Qué? - Preguntó mientras desviaba la mirada de las preciosas vistas y se centraba en mí.
- Eso. - Contesté. E intenté hacer notar toda mi frustración.
- No sé de que hablas, Leire. - Dijo sin apartarme la mirada. Me miraba directamente, y no parecía sentirse incómodo. Me gustaban las personas que lo hacían, aunque yo no pudiera.
- Espera. - Dije. Mientras me levantaba e iba hacia mi habitación.
Cogí el pequeño papel y volví al salón. Los demás parecían conversar en la cocina. En cuanto me senté de nuevo a su lado, se lo dí.
- Yo no he escrito esto, ni siquiera es mi número. - Musitó mientras me lo devolvía. No parecía darle importancia. Y no es que la echara de menos, pero la arrogancia de el día anterior parecía haber desaparecido.
- Ah, bueno. - Y me encogí de hombros. Él sonrió.
- ¿Qué te parece si llamamos? - Propuso tras haber estado callado unos minutos.
Medité su idea unos segundos.. no tenía nada que perder, y yo sola estaba claro que no llamaría.
- Vale, pero desde tu móvil.
- De acuerdo. - Dijo mientras se sacaba su bonito Iphone del bolsillo trasero de sus pantalones.
En cuanto marcó el número me pasó el teléfono. Al tercer ''pip'', descolgaron.
- ¿Si? - Fue lo único que dijo. Y, aunque solo había escuchado su voz una vez, lo primero que se me vino a la cabeza fueron sus bonitos ojos color miel.

4 comentarios:

  1. Me encanta lo de que escribas con más frecuencia. Leer tu novela casi todos los días alegra mucho la verdad. Ojalá hubieras más niñas como tú. Sigue así Carmen :).
    PD: los nuevos amiguitos de Leire tienen buena pinta.

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    1. Como siempre, muchas gracias por tus buenos comentarios. Espero que te siga gustando.

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  2. ¿Pero el chico se llama Dylan o Bryan? Porque has puesto los dos nombres y me he liado, o a lo mejor soy yo que me he confundido o no sé. De todas formas, me está gustando mucho, ojalá yo escribiera así, pero no tengo imaginación, nada de nada, jo. ¿Cuándo subes el siguiente capítulo?

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    1. Justamente lo iba a comentar, me he liado, se llama Dylan pero ya está corregido, lo siento.
      Me alegro de que te esté gustando, de verdad. Si te gusta podrías intentarlo jo.
      Pues no sé, porque me voy el fin de semana fuera y no voy a poder escribir, así que cuando vuelva lo más rápido que pueda subiré <3.

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