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jueves, 31 de julio de 2014

Capítulo 2.


- Leire, despierta. El médico está apunto de salir. - Me decía Mario mientras me daba toquecitos en el hombro.
Bostecé y me enderecé ya que estaba echada en el sillón de la sala de espera del hospital, con Mario a mi lado.
- ¿Y tu tía? - Pregunté. La hermana de su difunta madre nos había acompañado toda la noche, ya que serían las seis de la mañana.
- Ha ido a darse una ducha, no se sentía muy bien.
- Joder, siento haberme quedado dormida.. - Ya que a las tres, cuando el médico nos dijo que tendríamos que esperar hasta por la mañana para saber el resultado de la operación, mi cansancio pudo conmigo.
- No importa, que yo no pueda dormir no significa que tú tampoco lo hagas. - Asentí y me eche en su hombro, no soportaba verle así. - Leire..
- Dime. - Dije estirando mi cuello para luego mirarle directamente a los ojos.
- Tengo la sensación de que no ha ido bien, cuando anoche nos dijeron que tendríamos que esperar hasta hoy..
- Tranquilo, seguro que todo irá bien. -Dije, y mentí, porque realmente no lo creía. Le cogí la mano y volví a echarme en su hombro.
Cuando casi me estaba volviendo a quedar dormida, la puerta de la sala de espera se abrió y el doctor que nos atendió la noche anterior se dirigió hacia nosotros, los dos nos levantamos inmediatamente.
-  ¿Podéis venir conmigo? - Nos dijo mientras echaba un vistazo a nuestro al rededor, donde se encontraban más familias.
Asentimos y le seguimos fuera de la sala de espera, andamos hasta uno de los pasillos típicos de hospital con las paredes completamente blancas y una que otra enfermera cargando con carritos de comida.
- Ayer, su padre se quedo inconsciente horas antes de la operación, a causa de esto tuvimos que empezar la operación antes, al comenzar.. Nos dimos cuenta inmediatamente de que el tumor era mucho mayor y peor de lo que esperábamos..- Comenzó y continuó el doctor, nos explicó cada error y problema que hubo detalladamente, yo comenzaba a sentirme algo mareada y me vi obligada a apoyarme en la pared disimuladamente. Ninguno de los dos lo notó.
Creo que nunca en mi vida había visto a Mario tan nervioso, a excepción del día que nos conocimos. Mientras el doctor seguía explicándose más mareada me sentía, Mario se acercó un poco más a mí y me dio la mano, es como si sintiera que lo próximo que iba a oír le iba a hacer caer. Y así fue.
- Debemos ser sinceros, y no creemos que su padre pueda salvarse.. Lo sentimos mucho. - Fue lo que dijo tras decir que se encontraba inconsciente y muy grave. Mario estuvo a punto de soltarme la mano, pero yo apreté más fuerte. Creía que me iba a desmayar, pero Leire no, tienes que aguantar.
El doctor se despidió diciéndole a Mario que podría entrar dentro de unos diez minutos a ver a su padre y que no sabían exactamente cuantas horas de vida le quedaban.
- Necesito.. Necesito salir a que me de el aire. - Susurró Mario, sonaba vacío.
- Claro, vamos.
- Prefiero ir solo. - Sonó tan frío que mi mente tardó en reaccionar, pero le comprendía. Así que asentí y cuando él se dirigió hacia la puerta decidí darme una vuelta por el hospital.
Siempre había odiado los hospitales, a los catorce años me pasé unos meses visitando a mi abuelo cuatro días a la semana a causa de su cáncer. Murió un año después.
Y no sé, era como entrar en un sitio vacío pero muy lleno de gente, no me hacían sentir nada, y a saber por qué, no todo es malo, pero supongo que una mala experiencia lo cambia todo, además, no soportaba el olor a hospital.
La mayoría de los pasillos eran iguales, además, era temprano y apenas había nadie. Me sentía egoísta, el padre de mi mejor amigo se estaba muriendo y yo estaba reflexionando sobre lo mucho que odiaba los hospitales, la idea de pensar que realmente se estaba muriendo no era aceptada en mi cabeza, recuerdo que la semana pasada estuvimos comentando una de esas películas malas que ponen los domingos a medio día mientras Mario se duchaba, y lo mucho que me reí, siempre lo hacia, era lo que más me gustaba de él. Cuando le conocí habían pasado cuatros años de la muerte de su mujer y, cuando ya no era una extraña en su casa, me di cuenta de que nunca dejaba de hablar de ella, siempre se la nombraba a Mario una y otra vez, aunque este, le contestara de mala gana. Él siempre hacia comentarios graciosos sobre cosas que les ocurrieron antes de que ella cayera enferma, la recordaba continuamente, no la quería dejar caer en el olvido, la quería mantener con vida, al menos dentro de él.
Y ahora, ocho años más tarde, él se estaba muriendo de la misma enfermedad, qué triste.
No me di cuenta de donde estaba hasta que vi a Mario, hablando con una chica rubia que se encontraba tras un mostrador azulado, supuse que ella le estaba indicando donde se encontraba la habitación de Luis, su padre.
Aligeré el paso y me acerqué a él cuando se despidió de la chica del mostrador.
- ¿Vas a entrar? - Le pregunté.
- Sí, la habitación esta por aquí. Vamos. - Me dijo sin ni siquiera mirarme, algo que no hacía nunca.
Le seguí por un largo pasillo y luego giramos a la derecha para encontrarnos con otro similar, pero se detuvo en una de las primeras puertas, exactamente en la puerta número 524.
- ¿Quieres entrar tú? - Me preguntó con la mirada fija en el pequeño numerito a la izquierda de la puerta.
- No, bueno claro, pero después de ti. - Asintió y entró.
Habían pasado unos diez minutos cuando vi a su tía Carol por el mismo pasillo que habíamos pasado nosotros minutos antes. No me dio tiempo a saludarla cuando ya me estaba abrazando, era joven, no tendría más de 36 años, no se apartó de mí en seguida, sino que comenzó a llorar, la abracé un poco más fuerte, ya que yo, aunque no me faltaran ganas, nunca lloraba delante de nadie.
Sabía que desde la muerte de su hermana, Carol había estado muy unida a su cuñado, pero no me imaginaba verla así y menos abrazada a mí, así que no esperármelo hizo que me doliera aún más.
Cinco minutos más tarde Mario salió, me indicó que entrara yo cuando su tía se fue de mis brazos a los suyos, suspiré y abrí la puerta.
La habitación estaba algo oscura, pero no tardé en divisar la cama en la que se encontraba tumbado y entubado Luis. Me acerqué, sin poder mirarlo hasta que mis manos rozaron las finas y blancas sábanas, y entonces si le miré directamente, parecía tan.. Normal. Parecía que se despertaría dentro de unas horas tan alegre como siempre, salvo por los tubos, que hacía la imagen más complicada.
Me senté a los pies de la cama y estuve unos diez minutos mirándole, no iba a llorar, aunque no me viera, quizá me sintiera, y no, no. Inspiré fuerte y luego cerré los ojos.
- Hola, no creo que me escuches.. Ni siquiera que me sientas, pero si lo haces, quiero que sepas que no dejaré que Mario te deje caer en el olvido, prometo que te recordará, que te mantendrá vivo en él como tú has estado haciendo todo este tiempo con María. - Y le cogí la mano, tan fuerte como pude. - Has sido como un padre para mí en estos dos años y.. Te echaré mucho de menos. - Me acerqué y le besé la frente, apreté su mano por última vez y salí sin mirar atrás.
Cuando salí, ni Mario ni Carol se encontraban en la puerta, volví por el pasillo por el que vinimos, llegué a la sala de espera y miré para ver si estaban allí, pero no. Busqué en los bolsillos de mi shorts y saqué mi móvil, Mario no me había enviado nada.
Me dirigí hacia la salida ya que yo también necesitaba tomar el aire y, al salir vi a Mario apoyado en uno de los coches del aparcamiento dándole una calada a su habitual cigarrillo.
- Hola. - Le saludé cuando llegué hasta él.
- Vete. - Dijo mientras le daba una de las últimas caladas a su cigarro.
- ¿Qué? - Enarqué las cejas, aunque él ni siquiera me miraba.
- Joder, que te vayas. No quiero que me preguntes como estoy, no quiero que estés aquí cuando muera, quiero que te vayas. Ya. - Y lo soltó como la letra de cualquier canción que se supiera de memoria. Tardé en asimilar sus palabras, pero cuando lo hice cerré los puños y me dí media vuelta, entendía que quisiera estar solo, pero no merecía que me hablara así.
Cuando estaba entrando en el metro mi móvil sonó, mi madre me había mandado un mensaje para saber donde estaba, bien, casi 24 horas después de la última vez que me vio, no pensaba contestarle. Intenté tardar todo lo que pude en llegar a casa, cuando metí la llave en la cerradura ya podía escuchar las risas de dos personas provenientes del salón, obviamente de mi madre y su novio, o mejor dicho, su nuevo novio, porque este no era al que yo conocía.
- Hola, hija. - Me saludó mi madre desde el sofá, levanté un poco la cabeza en forma de saludo y eché un vistazo a su nuevo amigo, que estaba sentado debajo de ella, era mucho más guapo que Roberto (su anterior novio), y me saludó de una forma muy educada, incluso quiso levantarse para presentarse, pero no le dio tiempo ya que yo ya me iba hacia la cocina.
Segundos después escuché como mi madre se disculpaba por mi comportamiento y sus pasos hacia la cocina.
- ¿Qué te pasa? - Preguntó al entrar y sentarse frente a mí al otro lado de la barra.
- Como si te importara. - Y me di cuenta, que faltaba algo, faltaba ese olor.. Por primera vez después de mucho tiempo, mi madre no apestaba a alcohol.
- Quiero que conozcas a..
- ¡LUIS SE ESTÁ MURIENDO!
- ¡¿Qué?!
- Que te importa una mierda, y que a mí, me importa una mierda tu nuevo novio, tú me importas una mierda, solo te das cuenta de que existo cuando traes uno nuevo, joder. Déjame en paz. - Y salí de la cocina lo más rápido que pude, ella ni siquiera intentó detenerme.
Subí las escaleras y cerré la puerta de mi cuarto al entrar, no podía casi ni respirar, estaba llorando y ni siquiera me había dado cuenta.
Saqué mi móvil de mis pantalones y me tumbé en mi cama sin dejar de llorar, intenté llamar a Mario unas veinticinco veces, y nada, sin tan siquiera me colgaba. Diez minutos después, el sueño pudo conmigo y, con las lágrimas aún rodando por mis mejillas, me quedé dormida.

Cuando parecía que habían pasado unas dos horas me desperté, pero al mirar mi móvil me di cuenta de que eran las cinco de la tarde, aún estirazándome bajé las escaleras y me encontré con una Esther vestida de oscuro y con el pelo recogido en una coleta baja. No parecía ella.
- ¿A dónde vas? - Me tomé la molestia de hablarle, simplemente por curiosidad.
- El funeral de Luis es a las seis y media, Leire.
- ¿Qué? ¿A que hora a muerto? - No podía creer que Mario no me hubiera llamado.
- No lo sé, la tía de Mario llamó hace hora y media o así para avisarme del funeral.
No contesté y volví a subir para ducharme, tardé lo menos que pude y me coloqué unos pantalones negros con una camisa negra, baje y esta vez mi madre no estaba sola.
- Leire, este es Ben, un nuevo amigo. - Amigo dice.. Me pregunté de donde sería basándome en su nombre, además, cuando me saludó con dos besos y ese ''hola'' me dejo mucho más claro que no era español.
Llegadas las seis, mi madre me propuso ir con ellos y no me quedo otra que aceptar ya que era preferible a ir en transporte público, además, con su nuevo ''amigo'' Ben no tendría que hablar mucho con ella. Cuando salimos a la puerta, un brillante mercedes encendió sus luces dando a entender que estaba abierto y Ben era el que lo había echo, nos invitó a montarnos mientras mi ''madre'' le recordaba lo mucho que le gustaba su coche.
Al llegar al cementerio hasta el precioso día que hacía pareció oscurecerse, solo había presenciado otro funeral en toda mi vida, y no es que fuera muy agradable, pero si que había estado en distintos cementerios varias veces. Sinceramente, la mayoría de los cementerios me parecían bonitos, literalmente hablando.
Obviamente eran lugares tristes, pero quizá eso mismo me hacía verlos bonitos, no sé.
Mario se encontraba al lado de su tía y de varios amigos de la familia a los cuales había visto varias veces, mi madre se acercó a saludarle, yo sabía que a Mario ella no le caía muy bien pero aceptó el abrazo igualmente, yo me quedé al lado del nuevo ''amigo'' de mi madre, no pensaba acercarme, al terminar en todo caso intentaría hablar con él.
Siempre había pensado que Mario y yo nos podíamos entender hasta con la mirada, pero si ni siquiera me miraba, no podía entender absolutamente nada. Me pasé la mayor parte del funeral  mirando todas las partes del cementerio que mi vista podía alcanzar y de vez en cuando observaba a Mario, no me estaba enterando absolutamente de nada, y seguramente sería una falta de respeto, pero yo ya había dicho lo que sentía, no me importaba lo que dijera un hombre al que ni siquiera conocía y creía en cosas que yo no, lo respetaba, pero no me interesaba. Cuando llegó la parte en la que un familiar suele salir a decir unas palabras, un hombre bajito y canoso (al que no reconocía) habló de su infancia junto a Luis, fue la única parte del funeral en la que estuve realmente escuchando, y todo lo que salía por la boca de aquel hombre me pareció absolutamente precioso, pero a la vez demasiado doloroso.
Al acabar el funeral, me acerqué para saludar a los conocidos que había visto una que otra vez, cuando terminé, vi a Mario hablando con una chica que me resultaba algo familiar.. ¡Meri!
Vaya, estaba realmente guapa, llevaba el pelo por encima de los hombros, estaba muchísimo más delgada desde la última vez que la vi, sus ojos azules resaltaban en ella y además, llevaba un vestido negro que le favorecía bastante.
- ¡Hola! - Saludé al acercarme, a Mario le cambió la cara, y se notó más que nada porque segundos antes estaba riendo.
- Hola, Leire. Cuánto tiempo. - Me saludó Meri con una sonrisa de oreja a oreja, no la reconocía. No parecía la misma chica de catorce años tímida, algo gordita y que escondía la mirada continuamente bajo sus grandes gafas y su largo pelo.
Claramente no siguieron con la conversación que estaban manteniendo antes de mi llegada, pero Meri intentó hablar un poco de nuestro antiguo instituto para no crear un ambiente incómodo, Mario apenas participaba en la conversación y evitaba mi mirada constantemente. Cuando Meri se fue sentí que lo estaba deseando, pero que ahora que estaba con el nuevo Mario al que no conocía, no sabía que hacer.
Quería saber que iba a hacer ahora, por qué me estaba evitando, como se sentía, quería saber de mi Mario.
- ¿Qué tal? - Pregunté alcanzándole, ya que ya había comenzado a andar hasta el coche de su tía, la que supongo que le llevaría a casa, conociéndole y a sus dieciochos años, no se quedaría en casa de nadie, sino que se las averiguaría para mantenerse solo en casa, todo esto me resultaba muy triste.
- ¿Tú que crees?
- Mario joder, estoy intentando arreglar algo que ni siquiera sé lo que es. - Contesté irritada, su tía ya le esperaba dentro del coche.
- No tienes que arreglar nada, simplemente necesito tiempo. Ya te llamaré. - No me lo podía creer, no entendía nada. Me dejó sola a pocos pasos del coche de Carol, la que me saludó con la mano al arrancar el coche y salir del aparcamiento. Y yo tras asimilar sus palabras, me dirigí hacia el bonito mercedes donde me esperaban.
- ¿Qué tal ha ido? Mario parece llevarlo bien. - Me dijo mi madre al sentarme en la parte de atrás del coche.
- Bien, sí, lo está llevando estupendamente. - Contesté, ni siquiera intenté sonar sarcástica.
Saqué los cascos del bolsillo de mi pantalón (ya que siempre los llevaba conmigo) y comenzó a sonar ''I wanna be yours'' de Arctic Monkeys. Siempre había pensado que las penas se sobrellevaban mejor acompañadas de buena música.
No me había dado cuenta de que me había quedado dormida hasta que mi madre comenzó a darme toquecitos en el hombro y me quitó uno de mis auriculares, abrí un poco los ojos y me di cuenta de que aún no habíamos llegado.
- ¿Qué quieres? - Murmuré como pude.
- Leire.. Tengo, bueno, tenemos que decirte algo. - Comenzó Esther, no me parecía bien que incluyera a Ben en algo que debía decirme cuando solo llevaba en mi vida un día, pero no se lo cuestioné.
- Sí, dime. - Contesté quitándome el otro auricular. Esther cogió aire antes de hablar.
- Nos mudamos.


6 comentarios:

  1. Dios, odio muchísimo a la madre de Leire, le estoy cogiendo manía. Me encanta como escribes, da gusto leerte, eres genial (y además me has dejado con unas ganas increíbles de leer el siguiente capítulo y ver la reacción de Leire.)

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    1. ¡Ay, muchas gracias!
      Me alegra saber que te gusta, subiré el próximo en cuanto lo tenga.

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  2. Muy buen capítulo Carmen, incluso mejor que el anterior. En cuanto he visto que ya era viernes he ido directo a buscarlo. Me ha encantado, de verdad. Y espero que cuando lo acabes puedas recopilar los capítulos y publicarlo, porque por ahora esta siendo una historia fantástica. Sigue así que te va a ir muy bien :)
    PD: Encajaría muy bien en un guión.

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    1. ¡Muchísimas gracias!
      Me gusta mucho saber lo que piensa la gente que me lee, te agradezco mucho que me digas cosas así, de verdad.

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  3. ¿Por qué la dejas así? Te odio jo. Me ha gustado bastante, y me ha dejado con ganas del siguiente ;)

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  4. Ayy, me alegro de que te guste jo.

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