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viernes, 25 de julio de 2014

Capítulo 1.

''Cuando nos conocimos, algo en el interior de ambos cambió y, fuera lo que fuera, hacía que nos necesitáramos el uno al otro. Por razones que desconocía, yo era su excepción, y, por mucho que hubiera intentado luchar contra mis sentimientos, él era la mía.''

A veces, entre canción, párrafo y canción, me preguntaba porqué extraña razón leía libros de amor, no lo entendía, si en realidad me resultaban estúpidos y muy poco creíbles, quizá hasta leer que un cazador de sombras rubio natural entraría por la puerta de mi habitación dentro de cinco minutos, me resultaría más creíble que salir a la calle y tropezarme con el amor de mi vida.
Sonreí ante mi loca hipótesis y me quedé fijamente mirando mi gran estantería de libros, pensando en lo especial que me resultaba mi habitación en general, en porqué nunca dejaba entrar a nadie excepto a mi mejor amigo, y claro que tenía la respuesta, pero como debía de ser, también era para mí y para nadie más, ni siquiera para Mario.
''Trama y solución, de nuestra batalla de cabeza y corazón..'', una de mis canciones preferidas de Miss Caffeina y mi estúpido embobamiento ante mi estantería se vieron interrumpidos por la constante vibración de mi móvil.
- ¿Qué quieres otra vez, Mario? - Contesté irritada, era la tercera vez que me llamaba, y no eran ni las 2 del mediodía.
- ¡Qué estoy muy nervioso, joder! - Se quejaba mi mejor amigo ante mi respuesta. Porque hoy, 24 de julio de 2013, operaban a su padre de un tumor en la rodilla derecha. ¡Y joder, lo entendía, pero habíamos quedado a las seis!
- Vale Mario, pero hasta las 8 no empieza la operación y te entiendo, pero me conoces, y necesito tiempo para mí antes de pasar una tarde especialmente dura no solo para ti, si no para los dos. - Ya que su padre, era casi como otro para mí, yo carecía del mío desde los seis años a causa de un terrible accidente de tráfico.
- Perdona, es solo que..
- Lo sé, tienes miedo. Y yo también, pero tienes que descansar y relajarte, ¿de acuerdo?
- Sí, voy a intentar dormir, a penas he dormido esta noche.
- Bien. Nos vemos a las seis.
- Vale, y gracias.
Colgué, y tiré mi móvil hasta que chocó con la puerta de mi habitación, lo hacía muy a menudo, ya que en realidad, solo tenía móvil porque me obligaban.
Dejé caer Beautiful Disaster en mi cama y me levanté para bajar a comer, dejé a un lado mi móvil al abrir la puerta y bajé las escaleras hasta llegar a la cocina. Al parecer estaba sola en casa, bueno, si mi madre estuviera en casa sería lo mismo. Abrí la nevera y ahí estaba mi comida de hoy, marcada con una pegatina que ponía mi nombre, después de casi un año empezaba a odiar demasiado estas pegatinitas, por un solo día de mi vida deseaba poder abrir la nevera y coger lo primero que me apeteciera, pero no, no, y no.
Suspiré y cogí lo que me tocaba comer, me senté en la pequeña barra de mi cocina y encendí la tele, llegué al postre (si se podía llamar así al asquerosamente asqueroso yogurt natural que me tocaba), y me fijé que en la tele estaban poniendo un estúpido programa de vestidos de novia.
Por dios, nunca me vería metida en uno, encontrar a alguien para pasar toda tu vida.. Bueno, ¿pero de verdad era necesario tener que vestirse de princesita por un día y subir al altar acompañada de tu padre?
Lo veía algo tan innecesario.. En realidad lo veía muy triste, a mis dieciséis años de edad y ya pensando en lo estúpido que veía el compromiso, cuando de pequeña mis compañeras de clase planteaban sus vestidos preciosos y pomposos, sus casas, sus novios perfectamente perfectos... Desde luego, por algo debían de despreciarme tanto.
Si algo tenía claro en mi vida, era que no era exactamente igual que las demás chicas, bueno, o al menos igual que mis estúpidas ex-comprañeras de clase en mi antiguo internado privado, el día que conseguí que mi madre me sacara de allí fue uno de los días más felices de mi vida, aunque claro, lo hizo para meterme en algo parecido y muchísimo peor.
Mientras recogía los pocos cubiertos que había utilizado y ordenaba la cocina para volver a encerrarme en mi cuarto, decidí, ya tendida en mi cama, recordar la mayoría de mis borracheras.. Dios, si que había vivido más fiestas que una chica normal de dieciséis años, y todo por Mario.. Él también vivía la falta de alguien en casa, en este caso, su madre, y cuando nos conocimos, en un bar bastante lejos del centro de Barcelona, decidimos compartir nuestra pena juntos.. Y a saber porqué, ya que los dos nunca compartíamos nada con absolutamente nadie, él si que mantenía una buena relación con su padre, a él no le culpaba de nada ya que su madre murió de cáncer cuando él solo tenía diez años, el 25 de julio, hace exactamente 7 años y 364 días, sí, mañana 8 años exactamente. Y sí, Mario es un par de años mayor que yo, al conocernos casi nos liamos.. Pero cuando surgió esa repentina sinceridad y confianza entre los dos provocada por el alcohol, los dos juntos nos dimos cuenta de que serviríamos más que para eso.
Decidí parar el análisis mental de mi mente mientras encendía mi ordenador, a veces me preguntaba como podía pensar tanto. Mi alarma comenzó a sonar a las 17:00, y me quedé algo flipada ya que no sabía cuanto tiempo había pasado desde que había entrado en tumblr y había puesto mi gran lista de reproducción a sonar.
Me dí una ducha rápida, cogí una camiseta básica y unos baqueros cortos, converse, y para las cinco y media estaba lista. Vivía a unos 10 minutos cortos de casa de Mario, así que busqué mi móvil, que había ido a parar debajo de mi cama y salí por la puerta de casa, pensé en dejarle una nota a Esther, esa persona que se hacía llamar mi madre, pero para qué, llegaría sobre las nueve colgada del cuello de su perfecto y guapo novio, así que ni siquiera la vería.
Me coloqué las gafas de sol, los cascos, y en diez minutos estuve plantada en la puerta de la casa de Mario, me había adelantado veinte minutos, algo muy, muy, pero que muy raro en mí.
Llamé al timbre, ya que la puerta (que casi nunca lo estaba) se encontraba cerrada.
Y, definitivamente, nunca más en toda mi vida llegaría con antelación a algún sitio. Mario se encontraba totalmente desnudo, con un cojín (de aquellos con los que me había encontrado tantas veces tendida en su sofá viendo una película o simplemente estando allí) tapándose sus partes. Mi boca, se abrió repentinamente y se cerró lentamente al momento, su cara.. Bueno, su cara estaba entre una sonrisa de ''te voy a matar'' y una sonrisa de ''me voy a descojonar'', y por no decir la voz que le llamaba desde dentro que gritaba histérica como le habían cortado el rollo.
- Me voy para el hospital. - Solté sin poder decir nada más, no sabía si estaba cabreada o quería reírme hasta no parar.
- No, ¿me esperas en mi cuarto?
- ¿Pero de verdad piensas terminar lo que has empezado? - Mi cara de asco no se podía explicar, y mi voz sonaba de una manera que desconocía.
- ¡No, claro que no!
Suspiré, entré y subí corriendo las escaleras sin querer mirar antes hacia el salón donde estaba quién sabe quién y cómo, prefería no saberlo. Me encerré en su cuarto y mire el reloj deseando con todas mis fuerzas escuchar la puerta de casa cerrarse pronto.
Y no tardó mucho, escuché los pasos de Mario al subir las escaleras y noté que se detuvo ante la puerta antes de abrirla, su cara casi era un tomate pero sus ojos se veían apagados.
- No sé como he podido..
- Eh, oye, no pasa nada. - Le dije, sabía que se sentía culpable por haber estado apunto de tirarse a una tía en el sofá de su casa horas antes de la operación de su padre.
Suspiró y me miró mientras se sentaba en su cama, a mi lado, no apartó la mirada.
- No sé, estaba tan.. Necesitaba algo. Lo siento, de verdad.
- Lo entiendo, supongo. Y no tienes que pedirme disculpas, Mario.. Soy tú amiga. - Y era la verdad, no entendía porque acababa de disculparse, quizá por la culpa que en cierto modo no debería sentir respecto a lo de su padre, y bueno.. Nunca había presenciado algo así y casi llegué a pensar que era virgen a sus dieciocho, al fin y al cabo era un chico, y nunca habíamos hablado de esos temas el uno con el otro.
- Lo sé. - Me acarició la mejilla como tantas veces antes lo había echo y se levantó para tenderme una mano y salir hacia el hospital. Nuestros momentos juntos no solían ser así, más bien me recogía los sábados por la noche e íbamos a emborracharnos por ahí para el domingo estar en el sofá viendo cualquier película que no tratase de amor, pero cuando realmente nos necesitábamos.. Todo era diferente, él solo me necesitaba a mí y yo solo le necesitaba a él.

Cuando esperábamos el metro, Bon Jovi comenzó a cantar desde el bolsillo de Mario ''It's my life'', él descolgó deprisa.
- ¿Si..? ¿Cómo..? No entiendo.. ¡¿Por qué?! Voy de camino.
- ¡¿Qué-qué pasa?! - Pregunté con el corazón a mil por hora.
- No sé, no sé, algo no ha ido bien y la operación acaba de empezar. Tenemos que darnos prisa, Leire.
Y los dos corrimos todo lo que pudimos, necesitábamos un taxi.



16 comentarios:

  1. Has empezado muy bien, me gusta.

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  2. Soy escritor amateur y tengo casi tu misma edad. Sólo puedo decir que me encanta como escribes, se nota que no eres la típica niña de 16 años.

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  3. Muchísimas gracias de verdad, estos comentarios no vienen nada mal.

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  4. Esta muy bien, hay poco que comentar pero ya quiero saber más sobre Leire.

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    1. ¡Muchísimas gracias!
      Espero que te siga gustando.

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  5. Un primer capítulo muy bien escrito, mi pequeña B.

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  6. Ya me tiene enganchada y has hecho que tenga ganas de volver a escribir; te guardo en marcadores, Leire.

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    1. Me alegra mucho que me digan cosas así, (si tienes blog me lo puedes dejar en comentarios para que me pase, me encantaría).

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  7. Me ha enganchado un montón, esta superbien escrita y sigue porfavor :)

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  8. Madre mía, está genial. Ya mismo voy a devorarme el segundo capítulo. Encuentro algún fallo como que das demasiadas explicaciones de los personajes cuando podrías ir dándolos más adelante pero está muy bien.

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    1. Espero que te estén gustando los siguientes también, muchas gracias <3.

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  9. Me ha enganchado el primer capítulo. Te animo a que sigas escribiendo. Siempre vas contar con mi apoyo. Eres muy grande carr.

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    1. Me alegro que te guste y significa mucho para mí, ya lo sabes.
      Gracias por todo esto.

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